La economía capitalista y la corrupción de los mercados
Un mercado que funcione con las reglas de la competencia es un mercado que florece y que tiene una capacidad constante para mejorar el producto. Estos mercados favorecen el desarrollo de una civilización y hacen posible que grandes avances tecnológicos estén disponibles para mucha gente.
Sin embargo, esta situación ideal sólo funciona durante un tiempo. Los productores comienzan a plantearse otras maneras menos honestas de conseguir dinero. Prefieren vivir de las rentas y no seguir investigando. Para ello pactan con la competencia y atacan cualquier tipo de intromisión de otras empresas. Si el consumidor se cansa del mismo producto lo maquillan y utilizan mensajes publicitarios. Si esto no es suficiente utilizan otros trucos, como acortar la vida del producto o subir artificialmente el precio.
En el juego de la economía los consumidores tenemos la responsabilidad de identificar estos mercados y las empresas que actúan y no consumir sus productos. Si no lo hacemos corremos el riesgo de malgastar nuestras divisas y poner en peligro nuestra calidad de vida.
Más tarde o más temprano todos los mercados se acaban corrompiendo y este es el verdadero cáncer de la economía. Es fácil identificar, por tanto, a estos mercados, cuanto más tiempo lleve funcionando más probabilidades de que esté corrompido.
Otro problema de los mercados son los especuladores que aprovechan el fenómeno del burbujismo. Estos individuos se ganan la vida comprando y vendiendo, inflando y desinflando precios. A pequeña escala esto se traduce en unos dientes de sierra en el precio del producto pero a gran escala puede suponer la ruina para mucha gente que compró y que se quedó sin recursos por los precios excesivos.
El capitalismo es capaz de proporcionar muchos avances pero también puede proporcionar todo lo contrario. Por eso mejor si lo básico no nos lo jugamos a este juego y nos lo aseguramos, quizá no será tan avanzado como podría ser pero al menos será nuestro para siempre.

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