Y aprovecho para pedir que quien lo haya escrito se ponga en contacto conmigo ya sea en este foro o a mi correo electrónico. ¡Agradezco tu trabajo, de motivar este debate se trataba!
¿Qué papel para la gente de los movimientos? Respuesta a Enric
El siguiente análisis es una respuesta al artículo "Ahora o nunca: tenemos que aprovechar la crisis para cambiar el sistema", de Enric Durán, publicado en Crisi y en Crisis Energética. Trata de ajustar el enfoque de los movimientos sociales a la realidad actual.
¿Qué papel para la gente de los movimientos?
"Aquello a lo que te resistes, persiste" Carl Jung.
Así acababa el artículo de Enric: "Así pues una vez iniciadas las movilizaciones frente la crisis hemos de profundizar en el debate y la autoorganización. Pienso que desde los movimientos sociales capitalistas debemos plantearnos dejar las reivindicaciones al gobierno para los colectivos directamente afectados y superar lemas del estilo “que la crisis la paguen los ricos” que son lemas sólo defensivos y que hemos de ir a la ofensiva y apostar por frases como “su crisis nuestra oportunidad” Detras de las palabras hará falta construir hechos que hagan real esta oportunidad. La oportunidad de transformar la sociedad. Ahora o nunca."
La contribución de Enric tiene puntos clave muy positivos. Quiero darle las gracias, especialmente por mirar detrás de la cortina de la "crisis financiera" que aún resulta opaca para tantas personas, incluso para gente comprometida.
Quiero, sin embargo, plantear varios cambios de perspectiva. En primer lugar, los movimientos sociales "capitalistas" (se refiere a los "anti-capitalistas" pero el lapsus de Enric es interesante, ya que efectivamente estamos hablando de los "movimientos sociales" existentes bajo el capitalismo) hablan de "cambiar de sistema" pero ¿qué significa esto?
En mi opinión, suele hablarse de cambio de sistema desde una óptica de conflicto. Es decir, se da más importancia al conflicto (a "acabar con el sistema") que al nuevo sistema.
Esto me parece muy equivocado. Necesitamos cambios. Esta es la agenda de los que quieren mejorar las cosas ante todo. No es lo mismo querer cambios, como los que plantea el "Manifiesto sobre Transiciones Económicas Globales", que querer "acabar con el sistema". Nada que ver. Se está poniendo el acento en el lugar equivocado.
[El Manifiesto está en http://www.fuhem.es/media/ecosocial/File/Boletin%20ECOS/Boletin%201/MANI]
De hecho, atacar al sistema es equivalente a "ser atacado por" el sistema, y también es equivalente a "fortalecer" el sistema. ¿Sorprendidos? No creo.
(Quizás es útil visualizar dos opciones: por un lado un referendum "para acabar con el sistema", por otro, uno para "poner en marcha cambios para vivir en armonía con el medio ambiente, con bienestar para todos y sin hambre ni guerras". ¿Cuál es más probable que ganara? ¿Aún pensamos que ambas opciones son la misma?)
Lo que hace falta, si queremos alimentación para todos, cierta sostenibilidad ambiental , paz y cierto bienestar humano, es solucionar lo que está bloqueando esto. La falta de conciencia, de información, de gran parte de la población es real, por ello invertir en conciencia, diálogo e información práctica es más útil que invertir en conflicto.
La gente que está en movimientos sociales debe empezar a preguntarse: ¿queremos seguir jugando al gato y al ratón (a "nosotros" y "ellos", el 1% cada uno de la población) con el supuesto poder? ¿O queremos hablar con las demás personas (el 98% restante) e iniciar los cambios?
Si proponemos cambios, estos deberán ser apetecibles. No me refiero a ideológicamente atractivos, sino a que sean deseables para cualquier persona sensata e informada. Insisto en lo de la sensatez, porque muchas de las propuestas de conflicto que se están haciendo son de todo menos sensatas.
Otra cuestión importante es el liderazgo. Sin liderazgo no va a haber cambios. Hay muchos prejuicios contra el liderazgo porque no se entiende lo que es. Los cuentos de hadas que los activistas se cuentan a sí mismos sobre asamblearismo no sirven más allá del autoconsumo. El papel de las personas que asumen la responsabilidad de concienciar, estimular e incluso poner a trabajar a otras (como Enric Durán, Fernandez Durán, Ann Leonard, los Yes Men o Jerry Mander, por poner sencillos ejemplos conocidos) es muy importante, y también los de quienes ejercen un liderazgo a escala más reducida, y por supuesto, quienes aceptamos el liderazgo ajeno. Liderazgo ajeno, ademas, no está en contradicción con liderazgo propio, y tampoco con trabajo en red, ni con democracia. Para llevar a cabo buenos cambios necesitamos buen liderazgo.
La actual pose de "negación del liderazgo" tan frecuente en los "movimientos" no sólo es inútil e ineficaz, sino que encima sirve de coartada para cientos de pequeños cabecillas ineficaces, incapaces de compartir poder, e incluso de delegarlo o transferirlo, que se amparan en supuestas asambleas, para hacer pasar sus pequeñas agendas, fruto de una mezcla de gustos personales, información pobre e inercias locales.
Hoy en día hay muchos sectores involucrados en el cambio, con menor o mayor acierto. La información sobre cambio climático y cénit del petróleo está siendo catalizadora de una conciencia pública creciente sobre temas sociales y ecológicos. Estudiosos, educadores, activistas, artistas, científicos, y también gente de las empresas y gobiernos (incluso gobiernos y grandes empresas enteros) están apoyando agendas de cambios necesarios e importantes. Además hay un consenso general en vincular sostenibilidad con equidad, por motivos tanto éticos como prácticos. Hablar de convergencia de movimiento obrero y alternativo, en este contexto, como si se tratase de los verdaderos, únicos o principales agentes del cambio es, además de inmodesto, algo que choca frontalmente con la realidad.
Intentar "sacar partido de la crisis" para mover la propia agenda política es un tipo de error disparatado, especular al de los dirigentes del G-20. Estamos realmente en un momento histórico, y necesitamos visiones amplias, no estrechas. Hay un lema que dice "para todos todo, para nosotros nada". "Nada" significa nada, quién quiera victorias ideológicas creo que se ha equivocado de siglo. Ahora es la hora de unirnos, de trabajar juntos, seres humanos de todo el planeta, eventualmente todos, es la hora de mirar el mundo no sólo como es, también como podría ser, y también de mirar a nuestros semejantes y a nosotros mismos de la misma forma.
En realidad, si pensamos lo que está pasando en el mundo y lo que viene, y lo comparamos con muchas de las actividades alternativas de los últimos años y décadas (recordemos que desde los 70, al menos, está bien documentado todo lo que iba a pasar) cualquier planteamiento que no parta de un reconocimiento de errores pasados pierde así, de partida, buena parte de su credibilidad. Porque tampoco los movimientos sociales hemos estado a la altura.
Aún así, haciendo "borrón y cuenta nueva" (lo que según parece no merecen nuestros oponentes, cuya perversidad, al parecer, nos resulta tan obvia e incorregible), hay posibilidades de ser parte del cambio a mejor si estamos dispuestos a aprender, trabajar para beneficio de todos.
Que nadie se engañe: el tipo de cambio del que estamos hablando comprende reducciones muy grandes en el consumo de recursos, y aumentos importantes en el nivel de bienestar y en la sensación de valorar la vida, con independencia de en que lugar del planeta vivamos.
Pero para que la humanidad, todos, no unos pocos, podamos dar los pasos que necesitamos dar, necesitamos la información clara que actualmente está taponada por mecanismos del propio sistema, como tan bien explica Jose Manuel Naredo. Necesitamos evitar el maniqueismo y comprender lo que está pasando, incluyendo (por si a alguien le queda alguna duda) los aspectos relacionales, psicológicos, éticos y espirituales.
Son necesarios muchos cambios, pero cada vez más gente comprende que estamos todos en el mismo barco. Y que un programa sensato y pacífico de transición hacia una forma de vida más armoniosa es posible y deseable. Ya no es tiempo para pelear con molinos de viento. Nos toca pasar de la pasividad y la agresividad a la asertividad, soltar la conflictividad permanente y crear. Es la hora de dar lo mejor de nosotros. La humanidad puede hacerlo. Y nosotros también.
Copio el artículo de respuesta que me ha llegado por esta via:
http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/358373/index.php
Y aprovecho para pedir que quien lo haya escrito se ponga en contacto conmigo ya sea en este foro o a mi correo electrónico. ¡Agradezco tu trabajo, de motivar este debate se trataba!
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¿Qué papel para la gente de los movimientos? Respuesta a Enric
El siguiente análisis es una respuesta al artículo "Ahora o nunca: tenemos que aprovechar la crisis para cambiar el sistema", de Enric Durán, publicado en Crisi y en Crisis Energética. Trata de ajustar el enfoque de los movimientos sociales a la realidad actual.
¿Qué papel para la gente de los movimientos?
"Aquello a lo que te resistes, persiste" Carl Jung.
Así acababa el artículo de Enric: "Así pues una vez iniciadas las movilizaciones frente la crisis hemos de profundizar en el debate y la autoorganización. Pienso que desde los movimientos sociales capitalistas debemos plantearnos dejar las reivindicaciones al gobierno para los colectivos directamente afectados y superar lemas del estilo “que la crisis la paguen los ricos” que son lemas sólo defensivos y que hemos de ir a la ofensiva y apostar por frases como “su crisis nuestra oportunidad” Detras de las palabras hará falta construir hechos que hagan real esta oportunidad. La oportunidad de transformar la sociedad. Ahora o nunca."
La contribución de Enric tiene puntos clave muy positivos. Quiero darle las gracias, especialmente por mirar detrás de la cortina de la "crisis financiera" que aún resulta opaca para tantas personas, incluso para gente comprometida.
Quiero, sin embargo, plantear varios cambios de perspectiva. En primer lugar, los movimientos sociales "capitalistas" (se refiere a los "anti-capitalistas" pero el lapsus de Enric es interesante, ya que efectivamente estamos hablando de los "movimientos sociales" existentes bajo el capitalismo) hablan de "cambiar de sistema" pero ¿qué significa esto?
En mi opinión, suele hablarse de cambio de sistema desde una óptica de conflicto. Es decir, se da más importancia al conflicto (a "acabar con el sistema") que al nuevo sistema.
Esto me parece muy equivocado. Necesitamos cambios. Esta es la agenda de los que quieren mejorar las cosas ante todo. No es lo mismo querer cambios, como los que plantea el "Manifiesto sobre Transiciones Económicas Globales", que querer "acabar con el sistema". Nada que ver. Se está poniendo el acento en el lugar equivocado.
[El Manifiesto está en http://www.fuhem.es/media/ecosocial/File/Boletin%20ECOS/Boletin%201/MANI]
De hecho, atacar al sistema es equivalente a "ser atacado por" el sistema, y también es equivalente a "fortalecer" el sistema. ¿Sorprendidos? No creo.
(Quizás es útil visualizar dos opciones: por un lado un referendum "para acabar con el sistema", por otro, uno para "poner en marcha cambios para vivir en armonía con el medio ambiente, con bienestar para todos y sin hambre ni guerras". ¿Cuál es más probable que ganara? ¿Aún pensamos que ambas opciones son la misma?)
Lo que hace falta, si queremos alimentación para todos, cierta sostenibilidad ambiental , paz y cierto bienestar humano, es solucionar lo que está bloqueando esto. La falta de conciencia, de información, de gran parte de la población es real, por ello invertir en conciencia, diálogo e información práctica es más útil que invertir en conflicto.
La gente que está en movimientos sociales debe empezar a preguntarse: ¿queremos seguir jugando al gato y al ratón (a "nosotros" y "ellos", el 1% cada uno de la población) con el supuesto poder? ¿O queremos hablar con las demás personas (el 98% restante) e iniciar los cambios?
Si proponemos cambios, estos deberán ser apetecibles. No me refiero a ideológicamente atractivos, sino a que sean deseables para cualquier persona sensata e informada. Insisto en lo de la sensatez, porque muchas de las propuestas de conflicto que se están haciendo son de todo menos sensatas.
Otra cuestión importante es el liderazgo. Sin liderazgo no va a haber cambios. Hay muchos prejuicios contra el liderazgo porque no se entiende lo que es. Los cuentos de hadas que los activistas se cuentan a sí mismos sobre asamblearismo no sirven más allá del autoconsumo. El papel de las personas que asumen la responsabilidad de concienciar, estimular e incluso poner a trabajar a otras (como Enric Durán, Fernandez Durán, Ann Leonard, los Yes Men o Jerry Mander, por poner sencillos ejemplos conocidos) es muy importante, y también los de quienes ejercen un liderazgo a escala más reducida, y por supuesto, quienes aceptamos el liderazgo ajeno. Liderazgo ajeno, ademas, no está en contradicción con liderazgo propio, y tampoco con trabajo en red, ni con democracia. Para llevar a cabo buenos cambios necesitamos buen liderazgo.
La actual pose de "negación del liderazgo" tan frecuente en los "movimientos" no sólo es inútil e ineficaz, sino que encima sirve de coartada para cientos de pequeños cabecillas ineficaces, incapaces de compartir poder, e incluso de delegarlo o transferirlo, que se amparan en supuestas asambleas, para hacer pasar sus pequeñas agendas, fruto de una mezcla de gustos personales, información pobre e inercias locales.
Hoy en día hay muchos sectores involucrados en el cambio, con menor o mayor acierto. La información sobre cambio climático y cénit del petróleo está siendo catalizadora de una conciencia pública creciente sobre temas sociales y ecológicos. Estudiosos, educadores, activistas, artistas, científicos, y también gente de las empresas y gobiernos (incluso gobiernos y grandes empresas enteros) están apoyando agendas de cambios necesarios e importantes. Además hay un consenso general en vincular sostenibilidad con equidad, por motivos tanto éticos como prácticos. Hablar de convergencia de movimiento obrero y alternativo, en este contexto, como si se tratase de los verdaderos, únicos o principales agentes del cambio es, además de inmodesto, algo que choca frontalmente con la realidad.
Intentar "sacar partido de la crisis" para mover la propia agenda política es un tipo de error disparatado, especular al de los dirigentes del G-20. Estamos realmente en un momento histórico, y necesitamos visiones amplias, no estrechas. Hay un lema que dice "para todos todo, para nosotros nada". "Nada" significa nada, quién quiera victorias ideológicas creo que se ha equivocado de siglo. Ahora es la hora de unirnos, de trabajar juntos, seres humanos de todo el planeta, eventualmente todos, es la hora de mirar el mundo no sólo como es, también como podría ser, y también de mirar a nuestros semejantes y a nosotros mismos de la misma forma.
En realidad, si pensamos lo que está pasando en el mundo y lo que viene, y lo comparamos con muchas de las actividades alternativas de los últimos años y décadas (recordemos que desde los 70, al menos, está bien documentado todo lo que iba a pasar) cualquier planteamiento que no parta de un reconocimiento de errores pasados pierde así, de partida, buena parte de su credibilidad. Porque tampoco los movimientos sociales hemos estado a la altura.
Aún así, haciendo "borrón y cuenta nueva" (lo que según parece no merecen nuestros oponentes, cuya perversidad, al parecer, nos resulta tan obvia e incorregible), hay posibilidades de ser parte del cambio a mejor si estamos dispuestos a aprender, trabajar para beneficio de todos.
Que nadie se engañe: el tipo de cambio del que estamos hablando comprende reducciones muy grandes en el consumo de recursos, y aumentos importantes en el nivel de bienestar y en la sensación de valorar la vida, con independencia de en que lugar del planeta vivamos.
Pero para que la humanidad, todos, no unos pocos, podamos dar los pasos que necesitamos dar, necesitamos la información clara que actualmente está taponada por mecanismos del propio sistema, como tan bien explica Jose Manuel Naredo. Necesitamos evitar el maniqueismo y comprender lo que está pasando, incluyendo (por si a alguien le queda alguna duda) los aspectos relacionales, psicológicos, éticos y espirituales.
Son necesarios muchos cambios, pero cada vez más gente comprende que estamos todos en el mismo barco. Y que un programa sensato y pacífico de transición hacia una forma de vida más armoniosa es posible y deseable. Ya no es tiempo para pelear con molinos de viento. Nos toca pasar de la pasividad y la agresividad a la asertividad, soltar la conflictividad permanente y crear. Es la hora de dar lo mejor de nosotros. La humanidad puede hacerlo. Y nosotros también.