Ahora o nunca: tenemos que aprovechar la crisis para cambiar el sistema.
El resultado de la reunión del G20 nos demuestra claramente que la línea que ha cogido el poder político y financiero global es una huida hacia adelante. La importancia de esta constatación no por previsible la debemos menosvalorar.
Estamos oyendo muchas personas argumentando en esta dirección, explicándonos que con las decisiones que perpetúan lo que se ha hecho hasta ahora no se parará la crisis. También tienen razón y también es importante.
Pero pienso que es todavía más fundamental mirar más allá de las finanzas y de la economía de salón que está haciendo tanto daño a la economía real.
El G20 ha apostado por oponerse al proteccionismo y por mantener el crecimiento económico como fin en sí mismo, y esto es igual a apostar por el colapso ecológico. Nadie de arriba dice que hablar de proteccionismo, ecológicamente hablando, es sinónimo de reducir globalmente el transporte de mercancías y personas.
El transporte actual es un 95% dependiente del petróleo, el cual ya ha llegado a su pico - su capacidad máxima de producción- y en breve empezará a declinar. Si bien pueden haber varias alternativas para producir la electricidad de manera renovable, no las hay válidas para sustituir los combustibles líquidos necesarios para el transporte de mercancías que va mayoritariamente en camión y barco.
(ver artículo sobre crisis energética en la publicación Crisis, para más información.
Ninguno de los jefes de estado del G20 considera que hablar de crecimiento económico como objetivo en sí mismo, está fuera de toda lógica consecuente en un mundo que está llegando a sus límites naturales. No quieren reconocer que lo que deberán hacer es cambiar un sistema económico en que el dinero es creado por los bancos de la nada, y dónde el sistema de negocio bancario basado en el tipo de interés, hace que sin crecimiento haya depresión económica y social como estamos viendo en la actualidad.
(ver artículo sobre como se crean el dinero a la publicación Crisis, para más información:
Nadie recuerda ahora del gran problema del cambio climático que fue tan mediático, el 2006 y el 2007 hasta que empezó la crisis económica. Sin olvidarnos de los peligros que tenemos ante la dificultad de cceso a agua potable, la escasez de minerales básicos para la industria, la reducción de la pesca y de tierras cultivables, las especies que se extinguen etc...
Por no hablar del aumento del número de pobres a todo el mundo, por causas intrínsecas al sistema capitalista, ya mucho antes que empezara la crisis actual.
(Ver artículo para ampliar información de diferentes elementos de la crisis sistèmica)
Querer solucionar la crisis económica dando la espalda a las crisis energética, ecológica y social es una de las decisiones más irresponsables de la historia.
Ahora que la depresión económica impedirá crecer por unos cuántos años puede ser la gran oportunidad de nuestro mundo, para construir un nuevo sistema económico que nos permita perdurar en el planeta mucho tiempo y acabe con las desigualdades sociales . Para lo que nos ha servido la reunión del G20, es para corroborar que no serán los de arriba los que lo harán.
¿Ante eso que podemos hacer desde los movimientos sociales?
Hemos de evitar la visión parcial y cerrada que ya tienen los poderosos y la izquierda institucional, no podemos luchar sólo para que los capitalistas no sea tan malos y dejen menos personas en paro. No podemos dedicarnos simplemente a pedir a los políticos que destinen dinero a la clase trabajadora, o a nuestro sector económico concreto. Tenemos el deber de unirnos para transformar el sistema. Estamos iniciando unos años muy importantes en la historia de la humanidad, la depresión económica que está llegando será posiblemente la última oportunidad que tendremos para parar la destrucción del planeta y salvarnos a nosotros los humanos de una catástrofe social sin precedentes en nuestra historia.
Esta unión para cambiar el sistema necesita de proyectos estratégicos para que el capitalismo en crisis pierda su hegemonía social. Lo primero que está al alcance de todas las personas es dejar de colaborar con las empresas que simbolizan el poder del capitalismo: los bancos y las empresas transnacionales.
Podemos desobedecer a la banca y potenciar sus alternativas. Podemos dejar de consumir productos de la mayoría de las transnacionales y en general reducir el consumo. Las que no podemos abandonar porque son empresas privatizadas que gestionan en situación de monopolio las necesidades básicas (agua, electricidad, gas,...), las debemos dejar para más adelante pero las deberíamos de acabar expropiando.
Delante de una situación excepcional, no podemos seguir actuando como siempre estamos habituados a hacer desde los movimientos sociales sino que hacen falta respuestas excepcionales. Hacen falta acciones que preparen el contexto de revuelta o que lo anticipen.
Es en este marco que desde el colectivo Crisis, surgido raíz de la publicación del 17 de septiembre, hemos iniciado la campaña por una huelga unitaria de usuarios y usuarias de banca. Somos conscientes de que no es la única, ni quizás la más importante de las acciones estratégicas con las que nos hemos de unir para hacer frente el capitalismo, pero pensamos que es una de ellas.
Sabemos de sobra que también debemos construir una acción unitaria en el ámbito del trabajo, delante de los despidos y del aumento exponencial del paro, que se está empezando a vivir, pero no podemos conformarnos con presionar para quedarnos cómo estamos; porque la construcción de una alternativa al capitalismo necesita de otros tipos de empresas, autogestionadas por los trabajadores y trabajadoras, que se dediquen cada vez más a aquellas áreas económicas que nos permitan realizar una transición hacia otro manera de vivir. Es necesario apostar por la expropiación y la recuperación de empresas y a la vez por la transición de estas hacia otros modelos productivos. A la vez hace falta apostar por crear nuevas empresas sociales que hagan posible otra manera de hacer economía y de vivir.
Por todo ello, las acciones de presión puntuales, como determinadas acciones directas, manifestaciones y lo que podría ser una huelga general, las tendríamos que acompañar de acciones estratégicas de carácter sostenido que nos permitan progresivamente ir restante hegemonía al poder y repartirla entre los de abajo.
Además de la propia huelga de usuarios y usuarias de banca se me ocurren propuestas cómo:
*Una red de personas y grupos destinada directamente a apoyar (de movilización, económico, técnico) a los trabajadores en peligro de despido y personas ya desempleadas, que quieran apropiarse y recuperar una empresa en crisis o crear una nueva cooperativa.
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Una red de apoyo a las personas que por causas de lucha o precariedad tengan problemas para cubrir sus necesidades básicas: (vivienda, alimentación, etc...). Además de apoyar solidario ofreciendo lugar en casa si hace falta, se podrían aumentar los recursos a través de la acción directa: ocupar nuevos edificios que están vacíos porque no se venden pisos, entre otrass opciones. También aumentar la organización de las redes de reciclaje de comida y extender las acciones de expropiación a grandes almacenes, que ya se están empezando a dar de forma autónoma.
*Extender las redes y mercados sociales y de economía alternativa para evitar el consumo de empresas transnacionales y aumentar los espacios de autogestión, de intercambio y gratuidad. En este caso no se trata de una propuesta concreta sino de convertir en algo más unitario y más amplio aquello que muchas personas y grupos ya estando haciendo. En Catalunya, espacios como la xarxa pel decreixement y la xarxa d'conomía solidaria pueden aportar mucho sobre esto. Es fundamental que el mundo obrero y el mundo alternativo confluyan en la lucha y la construcción de alternativas al capitalismo.
Así pues una vez iniciadas las movilizaciones frente la crisis hemos de profundizar en el debate y la autoorganización. Pienso que desde los movimientos sociales anticapitalistas debemos plantearnos dejar las reivindicaciones al gobierno para los colectivos directamente afectados y superar lemas del estilo “que la crisis la paguen los ricos” que son lemas sólo defensivos y que hemos de ir a la ofensiva y apostar por frases como “su crisis nuestra oportunidad” Detras de las palabras hará falta construir hechos que hagan real esta oportunidad. La oportunidad de transformar la sociedad. Ahora o nunca.
Enric Duran
enric@enricduran.cat
Copio el artículo de respuesta que me ha llegado por esta via:
http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/358373/index.php
Y aprovecho para pedir que quien lo haya escrito se ponga en contacto conmigo ya sea en este foro o a mi correo electrónico. ¡Agradezco tu trabajo, de motivar este debate se trataba!
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¿Qué papel para la gente de los movimientos? Respuesta a Enric
El siguiente análisis es una respuesta al artículo "Ahora o nunca: tenemos que aprovechar la crisis para cambiar el sistema", de Enric Durán, publicado en Crisi y en Crisis Energética. Trata de ajustar el enfoque de los movimientos sociales a la realidad actual.
¿Qué papel para la gente de los movimientos?
"Aquello a lo que te resistes, persiste" Carl Jung.
Así acababa el artículo de Enric: "Así pues una vez iniciadas las movilizaciones frente la crisis hemos de profundizar en el debate y la autoorganización. Pienso que desde los movimientos sociales capitalistas debemos plantearnos dejar las reivindicaciones al gobierno para los colectivos directamente afectados y superar lemas del estilo “que la crisis la paguen los ricos” que son lemas sólo defensivos y que hemos de ir a la ofensiva y apostar por frases como “su crisis nuestra oportunidad” Detras de las palabras hará falta construir hechos que hagan real esta oportunidad. La oportunidad de transformar la sociedad. Ahora o nunca."
La contribución de Enric tiene puntos clave muy positivos. Quiero darle las gracias, especialmente por mirar detrás de la cortina de la "crisis financiera" que aún resulta opaca para tantas personas, incluso para gente comprometida.
Quiero, sin embargo, plantear varios cambios de perspectiva. En primer lugar, los movimientos sociales "capitalistas" (se refiere a los "anti-capitalistas" pero el lapsus de Enric es interesante, ya que efectivamente estamos hablando de los "movimientos sociales" existentes bajo el capitalismo) hablan de "cambiar de sistema" pero ¿qué significa esto?
En mi opinión, suele hablarse de cambio de sistema desde una óptica de conflicto. Es decir, se da más importancia al conflicto (a "acabar con el sistema") que al nuevo sistema.
Esto me parece muy equivocado. Necesitamos cambios. Esta es la agenda de los que quieren mejorar las cosas ante todo. No es lo mismo querer cambios, como los que plantea el "Manifiesto sobre Transiciones Económicas Globales", que querer "acabar con el sistema". Nada que ver. Se está poniendo el acento en el lugar equivocado.
[El Manifiesto está en http://www.fuhem.es/media/ecosocial/File/Boletin%20ECOS/Boletin%201/MANI]
De hecho, atacar al sistema es equivalente a "ser atacado por" el sistema, y también es equivalente a "fortalecer" el sistema. ¿Sorprendidos? No creo.
(Quizás es útil visualizar dos opciones: por un lado un referendum "para acabar con el sistema", por otro, uno para "poner en marcha cambios para vivir en armonía con el medio ambiente, con bienestar para todos y sin hambre ni guerras". ¿Cuál es más probable que ganara? ¿Aún pensamos que ambas opciones son la misma?)
Lo que hace falta, si queremos alimentación para todos, cierta sostenibilidad ambiental , paz y cierto bienestar humano, es solucionar lo que está bloqueando esto. La falta de conciencia, de información, de gran parte de la población es real, por ello invertir en conciencia, diálogo e información práctica es más útil que invertir en conflicto.
La gente que está en movimientos sociales debe empezar a preguntarse: ¿queremos seguir jugando al gato y al ratón (a "nosotros" y "ellos", el 1% cada uno de la población) con el supuesto poder? ¿O queremos hablar con las demás personas (el 98% restante) e iniciar los cambios?
Si proponemos cambios, estos deberán ser apetecibles. No me refiero a ideológicamente atractivos, sino a que sean deseables para cualquier persona sensata e informada. Insisto en lo de la sensatez, porque muchas de las propuestas de conflicto que se están haciendo son de todo menos sensatas.
Otra cuestión importante es el liderazgo. Sin liderazgo no va a haber cambios. Hay muchos prejuicios contra el liderazgo porque no se entiende lo que es. Los cuentos de hadas que los activistas se cuentan a sí mismos sobre asamblearismo no sirven más allá del autoconsumo. El papel de las personas que asumen la responsabilidad de concienciar, estimular e incluso poner a trabajar a otras (como Enric Durán, Fernandez Durán, Ann Leonard, los Yes Men o Jerry Mander, por poner sencillos ejemplos conocidos) es muy importante, y también los de quienes ejercen un liderazgo a escala más reducida, y por supuesto, quienes aceptamos el liderazgo ajeno. Liderazgo ajeno, ademas, no está en contradicción con liderazgo propio, y tampoco con trabajo en red, ni con democracia. Para llevar a cabo buenos cambios necesitamos buen liderazgo.
La actual pose de "negación del liderazgo" tan frecuente en los "movimientos" no sólo es inútil e ineficaz, sino que encima sirve de coartada para cientos de pequeños cabecillas ineficaces, incapaces de compartir poder, e incluso de delegarlo o transferirlo, que se amparan en supuestas asambleas, para hacer pasar sus pequeñas agendas, fruto de una mezcla de gustos personales, información pobre e inercias locales.
Hoy en día hay muchos sectores involucrados en el cambio, con menor o mayor acierto. La información sobre cambio climático y cénit del petróleo está siendo catalizadora de una conciencia pública creciente sobre temas sociales y ecológicos. Estudiosos, educadores, activistas, artistas, científicos, y también gente de las empresas y gobiernos (incluso gobiernos y grandes empresas enteros) están apoyando agendas de cambios necesarios e importantes. Además hay un consenso general en vincular sostenibilidad con equidad, por motivos tanto éticos como prácticos. Hablar de convergencia de movimiento obrero y alternativo, en este contexto, como si se tratase de los verdaderos, únicos o principales agentes del cambio es, además de inmodesto, algo que choca frontalmente con la realidad.
Intentar "sacar partido de la crisis" para mover la propia agenda política es un tipo de error disparatado, especular al de los dirigentes del G-20. Estamos realmente en un momento histórico, y necesitamos visiones amplias, no estrechas. Hay un lema que dice "para todos todo, para nosotros nada". "Nada" significa nada, quién quiera victorias ideológicas creo que se ha equivocado de siglo. Ahora es la hora de unirnos, de trabajar juntos, seres humanos de todo el planeta, eventualmente todos, es la hora de mirar el mundo no sólo como es, también como podría ser, y también de mirar a nuestros semejantes y a nosotros mismos de la misma forma.
En realidad, si pensamos lo que está pasando en el mundo y lo que viene, y lo comparamos con muchas de las actividades alternativas de los últimos años y décadas (recordemos que desde los 70, al menos, está bien documentado todo lo que iba a pasar) cualquier planteamiento que no parta de un reconocimiento de errores pasados pierde así, de partida, buena parte de su credibilidad. Porque tampoco los movimientos sociales hemos estado a la altura.
Aún así, haciendo "borrón y cuenta nueva" (lo que según parece no merecen nuestros oponentes, cuya perversidad, al parecer, nos resulta tan obvia e incorregible), hay posibilidades de ser parte del cambio a mejor si estamos dispuestos a aprender, trabajar para beneficio de todos.
Que nadie se engañe: el tipo de cambio del que estamos hablando comprende reducciones muy grandes en el consumo de recursos, y aumentos importantes en el nivel de bienestar y en la sensación de valorar la vida, con independencia de en que lugar del planeta vivamos.
Pero para que la humanidad, todos, no unos pocos, podamos dar los pasos que necesitamos dar, necesitamos la información clara que actualmente está taponada por mecanismos del propio sistema, como tan bien explica Jose Manuel Naredo. Necesitamos evitar el maniqueismo y comprender lo que está pasando, incluyendo (por si a alguien le queda alguna duda) los aspectos relacionales, psicológicos, éticos y espirituales.
Son necesarios muchos cambios, pero cada vez más gente comprende que estamos todos en el mismo barco. Y que un programa sensato y pacífico de transición hacia una forma de vida más armoniosa es posible y deseable. Ya no es tiempo para pelear con molinos de viento. Nos toca pasar de la pasividad y la agresividad a la asertividad, soltar la conflictividad permanente y crear. Es la hora de dar lo mejor de nosotros. La humanidad puede hacerlo. Y nosotros también.
